“Parece que prefiere jugar solo.”
“Le cuesta mucho cuando cambiamos los planes.”
“No siempre responde cuando le llamamos.”
“Se enfada muchísimo si algo no sale como esperaba.”
“Hay temas de los que podría hablar durante horas.”
Cuando una familia observa algunas de estas situaciones, es comprensible que aparezca la duda: ¿podría tratarse de TEA?
La respuesta no puede darse observando una única conducta.
Muchos niños pueden tener intereses muy intensos, preferir jugar solos en determinados momentos, mostrarse sensibles a ciertos ruidos o necesitar tiempo para adaptarse a los cambios.
Lo importante es observar el conjunto del desarrollo, la frecuencia de estas conductas, desde cuándo aparecen y hasta qué punto interfieren en la comunicación, las relaciones, el aprendizaje o la autonomía.
Una señal aislada no permite hablar de TEA.
¿Qué es el TEA?
El trastorno del espectro del autismo, conocido como TEA, es una condición del neurodesarrollo que puede influir en la forma de comunicarse, relacionarse, procesar la información, adaptarse a los cambios y experimentar el entorno.
Se utiliza la palabra “espectro” porque existe una gran diversidad.
No todos los niños con TEA presentan las mismas características ni necesitan el mismo nivel de apoyo.
Algunos pueden tener un lenguaje oral amplio y desenvolverse bien en determinados contextos, mientras que otros pueden necesitar apoyos más intensos en comunicación, autonomía, regulación o comprensión de situaciones sociales.
Por eso es importante evitar una imagen única de cómo debe manifestarse el TEA.
El TEA puede manifestarse de formas muy diferentes
Cada niño con TEA puede presentar un perfil diferente de fortalezas, necesidades y formas de relacionarse con el entorno.
Dos niños con un mismo diagnóstico pueden tener perfiles muy distintos.
Por ejemplo, uno puede:
- Hablar mucho.
- Buscar el contacto con adultos.
- Tener intereses muy intensos.
- Mostrar dificultades para comprender ironías o dobles sentidos.
Mientras que otro puede:
- Utilizar pocas palabras.
- Preferir comunicarse mediante gestos o sistemas aumentativos.
- Buscar menos la interacción espontánea.
- Necesitar mucha anticipación ante los cambios.
Ambos perfiles pueden formar parte del espectro.
Por eso, comparar a un niño con otro no permite confirmar ni descartar TEA.
Señales relacionadas con la comunicación social
Algunas dificultades pueden aparecer en la forma de iniciar, mantener o comprender las interacciones sociales.
Por ejemplo:
- Dificultad para iniciar conversaciones.
- Responder de forma poco ajustada al contexto.
- Hablar mucho sobre un tema sin darse cuenta de si la otra persona está interesada.
- Dificultad para mantener conversaciones recíprocas.
- Interpretar de forma muy literal algunos mensajes.
- Tener dificultades para comprender bromas, ironías o dobles sentidos.
- Mostrar dificultad para saber qué decir en determinadas situaciones sociales.
En niños más pequeños, puede observarse también menor iniciativa para compartir intereses o experiencias.
Por ejemplo, puede costarles:
- Enseñar algo que les gusta.
- Señalar para compartir interés.
- Buscar espontáneamente la reacción del adulto.
- Compartir una experiencia simplemente por disfrutarla juntos.
Pero estas conductas siempre deben interpretarse teniendo en cuenta la edad y el desarrollo global.
¿No mirar a los ojos significa tener TEA?
No.
Evitar o reducir el contacto visual puede aparecer en algunos niños con TEA, pero también puede ocurrir por timidez, ansiedad, incomodidad o simplemente por características personales.
Además, muchos niños con TEA sí realizan contacto visual.
La cuestión no es comprobar si “mira o no mira”.
Lo relevante es observar cómo utiliza la mirada, los gestos, las expresiones faciales y el lenguaje dentro de la interacción.
Por eso, ningún gesto aislado permite establecer un diagnóstico.
Juego y forma de relacionarse
El juego ofrece mucha información sobre el desarrollo infantil.
En algunos niños con TEA pueden aparecer particularidades como:
- Preferencia por juegos repetitivos.
- Interés por partes concretas de los objetos.
- Dificultad para incorporarse al juego de otros niños.
- Tendencia a jugar de la misma manera una y otra vez.
- Dificultad para adaptar el juego cuando otro niño propone cambios.
- Menor presencia de juego simbólico en algunos casos.
Por ejemplo, un niño puede preferir ordenar coches por colores o hacerlos girar durante mucho tiempo en lugar de representar una historia con ellos.
Sin embargo, estas conductas también pueden aparecer ocasionalmente en niños sin TEA.
Lo importante es valorar el patrón general y su impacto.
“Prefiere jugar solo”: ¿debería preocuparnos?
No necesariamente.
Algunos niños son más introvertidos o necesitan más tiempo para sentirse cómodos en grupo.
Otros disfrutan jugando solos durante periodos largos y también son capaces de relacionarse adecuadamente cuando lo desean.
Conviene observar:
- ¿Quiere relacionarse pero no sabe cómo?
- ¿Intenta acercarse a otros niños?
- ¿Comprende las reglas de los juegos compartidos?
- ¿Puede mantener una interacción?
- ¿Se siente cómodo jugando solo?
- ¿Existe rechazo por parte de los compañeros?
- ¿Hay dificultades frecuentes para comprender las intenciones de los demás?
La diferencia entre preferir momentos de juego individual y tener dificultades significativas para relacionarse es importante.
Rutinas, flexibilidad y cambios
Algunos niños con TEA necesitan mucha previsibilidad.
Los cambios inesperados pueden generarles malestar.
Por ejemplo:
- Cambiar la ruta habitual.
- Tener un profesor sustituto.
- Modificar el orden de una actividad.
- Cambiar un alimento de presentación.
- Cancelar un plan previsto.
La reacción puede parecer desproporcionada desde fuera.
Pero en ocasiones, mantener una rutina ayuda al niño a comprender qué ocurrirá y le proporciona seguridad.
Por eso pueden aparecer conductas como:
- Necesidad de hacer determinadas actividades siempre del mismo modo.
- Resistencia a cambios.
- Preguntas repetidas sobre qué va a ocurrir.
- Dificultad para pasar de una actividad a otra.
Esto no significa que cualquier niño al que le gusten las rutinas tenga TEA.
La clave vuelve a estar en la intensidad, persistencia e interferencia.
Intereses muy intensos
Algunos niños pueden desarrollar intereses especialmente intensos.
Por ejemplo:
- Dinosaurios.
- Mapas.
- Trenes.
- Calendarios.
- Planetas.
- Determinadas películas.
- Marcas o modelos concretos.
- Animales específicos.
El interés puede convertirse en una fuente importante de conocimiento y motivación.
No se trata de eliminarlo.
La cuestión es observar si:
- Ocupa prácticamente todas las conversaciones.
- Resulta difícil hablar de otros temas.
- Interfiere en otras actividades.
- Genera conflictos cuando no puede acceder a él.
Los intereses especiales también pueden utilizarse como una vía para favorecer aprendizaje, comunicación y participación.
Sensibilidad a sonidos, texturas o estímulos
Algunas personas con TEA procesan determinados estímulos sensoriales de manera diferente.
Un niño puede mostrar mucha sensibilidad a:
- Ruidos fuertes.
- Secadores.
- Aspiradoras.
- Determinadas luces.
- Etiquetas de ropa.
- Ciertas texturas.
- Olores.
- Determinadas consistencias de alimentos.
Otros pueden buscar estímulos de forma intensa:
- Girar.
- Saltar.
- Tocar objetos.
- Observar luces o movimientos.
- Buscar presión física.
Estas respuestas pueden formar parte del perfil sensorial.
Pero, de nuevo, presentar una sensibilidad sensorial no significa automáticamente que exista TEA.
Conductas repetitivas
También pueden aparecer movimientos o comportamientos repetitivos.
Por ejemplo:
- Balancearse.
- Mover las manos.
- Repetir palabras o frases.
- Colocar objetos siguiendo un patrón.
- Repetir determinadas acciones.
Estas conductas pueden tener funciones diferentes.
En algunos casos ayudan a regularse, expresar emoción o gestionar una situación que resulta intensa.
Por eso, antes de intentar eliminar una conducta repetitiva, conviene comprender qué función está cumpliendo.
Algunas señales pueden pasar desapercibidas
No todos los perfiles son evidentes desde edades muy tempranas.
Algunos niños aprenden estrategias para desenvolverse socialmente.
Pueden imitar a compañeros, memorizar expresiones o seguir reglas sociales aprendidas.
Desde fuera pueden parecer desenvolverse correctamente, pero el esfuerzo necesario para hacerlo puede ser muy elevado.
Esto puede ocurrir especialmente en algunos perfiles con buen lenguaje oral o buenas capacidades cognitivas.
Por eso no deberíamos descartar dificultades únicamente porque:
“Habla perfectamente.”
“Saca buenas notas.”
“Tiene algún amigo.”
El desarrollo social y comunicativo es mucho más amplio que esas tres cuestiones.
¿Qué ocurre con las niñas?
Durante mucho tiempo, el TEA se ha identificado con mayor frecuencia en niños.
En algunas niñas, las señales pueden expresarse de manera menos evidente o adaptarse mejor a las expectativas sociales.
Por ejemplo, pueden:
- Imitar comportamientos de otras niñas.
- Tener intereses intensos que parecen más habituales socialmente.
- Esforzarse mucho por seguir conversaciones.
- Ocultar determinadas dificultades en el colegio.
Por ello, algunos perfiles pueden detectarse más tarde.
Esto no significa que todas las niñas con estas características tengan TEA, pero sí recuerda la importancia de valorar cada caso de forma individual.
TEA y lenguaje: puede manifestarse de formas muy diferentes
No todos los niños con TEA presentan las mismas características relacionadas con el lenguaje.
Algunos pueden comenzar a utilizar palabras o frases más tarde de lo esperado, mientras que otros desarrollan un lenguaje oral amplio desde edades tempranas.
En determinados casos, las principales dificultades pueden aparecer en el uso social del lenguaje.
Por ejemplo:
- Saber muchas palabras, pero tener dificultades para mantener una conversación recíproca.
- Interpretar algunos mensajes de forma muy literal.
- Tener dificultades para comprender bromas, ironías o dobles sentidos.
- Hablar extensamente sobre un tema sin percibir si la otra persona desea continuar.
- Tener dificultades para adaptar la forma de comunicarse según la situación.
Por eso, valorar únicamente cuánto habla un niño no permite comprender cómo está desarrollándose su comunicación.
¿Puede haber TEA aunque el niño sea cariñoso?
Sí.
Ser cariñoso, buscar abrazos o mostrar afecto no descarta TEA.
Existe una idea errónea de que las personas con TEA no sienten afecto o no desean relacionarse.
Las personas con TEA pueden crear vínculos profundos, buscar compañía, querer compartir intereses y mostrar cariño.
Lo que puede variar es la forma en la que expresan, interpretan o gestionan determinadas interacciones sociales.
¿Cómo saber si conviene pedir una valoración?
Conviene observar el conjunto del desarrollo.
Algunas preguntas que pueden ayudar son:
- ¿Las dificultades llevan tiempo presentes?
- ¿Aparecen tanto en casa como en otros entornos?
- ¿Le cuesta comprender situaciones sociales de forma significativa?
- ¿Tiene dificultades persistentes para comunicarse con otras personas?
- ¿Los cambios generan un malestar muy intenso?
- ¿Las dificultades afectan a sus relaciones?
- ¿Interfieren en su autonomía?
- ¿Existen preocupaciones por su desarrollo desde edades tempranas?
- ¿La escuela también ha observado dificultades?
No es necesario que aparezcan todas estas situaciones.
La valoración profesional permite analizar el desarrollo de forma mucho más completa.
El TEA no se diagnostica con un cuestionario de internet
Los cuestionarios de cribado pueden ayudar a detectar señales que indiquen que sería conveniente estudiar el caso con mayor profundidad.
Pero no permiten establecer por sí solos un diagnóstico.
Una valoración completa puede incluir información sobre:
- Desarrollo temprano.
- Comunicación.
- Lenguaje.
- Interacción social.
- Juego.
- Intereses.
- Comportamiento.
- Perfil sensorial.
- Autonomía.
- Funcionamiento en casa y en el colegio.
Además, es importante considerar otras explicaciones posibles.
Por eso, frases como:
“Hace estas cinco cosas, así que tiene TEA.”
son una simplificación que puede generar mucha confusión.
¿Qué podemos hacer mientras esperamos orientación?
No es necesario esperar a disponer de una etiqueta para empezar a facilitar determinadas situaciones.
Anticipar los cambios
Si sabemos que una rutina va a cambiar, podemos avisar con antelación.
Por ejemplo:
“Hoy después del colegio no iremos directamente a casa. Primero iremos al supermercado.”
Utilizar apoyos visuales
Los horarios, secuencias o pictogramas pueden facilitar la comprensión de lo que va a ocurrir.
Utilizar un lenguaje claro
Las frases concretas suelen ser más fáciles de comprender que mensajes muy ambiguos.
Dar tiempo para responder
No siempre es necesario repetir inmediatamente una pregunta.
Algunos niños necesitan más tiempo para procesar la información.
Respetar su forma de comunicarse
La comunicación no se limita al lenguaje oral.
Gestos, imágenes, pictogramas o sistemas aumentativos y alternativos de comunicación pueden ser herramientas válidas cuando son necesarias.
Preparar situaciones sociales
Podemos anticipar qué ocurrirá antes de una situación nueva.
Por ejemplo:
“Primero entraremos, saludaremos y después podrás elegir dónde sentarte.”
Esto puede reducir la incertidumbre.
Acompañar no significa intentar que parezca otro niño
El objetivo del apoyo no debería ser conseguir que un niño o adolescente oculte continuamente su forma de ser para parecerse a los demás.
El acompañamiento puede centrarse en:
- Mejorar la comunicación funcional.
- Aumentar la autonomía.
- Comprender mejor situaciones sociales.
- Aprender estrategias de regulación.
- Anticipar cambios.
- Desarrollar habilidades adaptativas.
- Encontrar formas eficaces de expresar necesidades.
Siempre respetando las características individuales.
¿Cuándo pedir orientación?
Puede ser recomendable consultar cuando las dificultades relacionadas con la comunicación, interacción social, flexibilidad o regulación:
- Son persistentes.
- Aparecen en distintos contextos.
- Interfieren en el aprendizaje.
- Dificultan las relaciones sociales.
- Limitan la autonomía.
- Generan un malestar significativo.
- Preocupan a la familia o al centro educativo.
Pedir orientación no significa que necesariamente exista TEA.
Significa intentar comprender mejor el desarrollo del niño y determinar qué apoyos pueden ser beneficiosos.
Si existe sospecha de TEA, será necesaria una valoración realizada por profesionales cualificados.
Antes de buscar una etiqueta, entendamos cómo funciona
Cuando aparecen determinadas diferencias en el desarrollo, es comprensible querer encontrar rápidamente una explicación.
Pero también es importante preguntarnos:
“¿Qué situaciones le resultan difíciles?”
“¿Qué necesita para comprender mejor lo que ocurre?”
“¿Qué apoyos favorecen su comunicación y autonomía?”
“¿En qué contextos se desenvuelve mejor?”
El objetivo no es mirar únicamente aquello que le cuesta.
También debemos identificar sus fortalezas, intereses, capacidades y formas particulares de relacionarse con el entorno.
Comprender el perfil de cada niño permite ofrecer apoyos mucho más ajustados a sus necesidades.
Preguntas frecuentes sobre TEA en niños
¿Cómo puedo saber si mi hijo tiene TEA?
No puede saberse a partir de una sola conducta. Una valoración profesional tiene en cuenta el desarrollo global, la comunicación, la interacción social, el comportamiento y el funcionamiento en diferentes contextos.
¿Que un niño no mire mucho a los ojos significa que tiene TEA?
No. El contacto visual es solo un aspecto de la comunicación y puede variar por muchos motivos. Una dificultad aislada no permite establecer un diagnóstico.
¿Un niño con TEA puede hablar perfectamente?
Sí. Algunos niños con TEA tienen un lenguaje oral amplio, aunque pueden presentar dificultades en el uso social del lenguaje o en la comprensión de determinadas situaciones comunicativas.
¿Un niño cariñoso puede tener TEA?
Sí. Las personas con TEA pueden mostrar afecto, buscar compañía y establecer vínculos significativos. El TEA no implica ausencia de cariño.
¿Tener intereses muy intensos significa tener TEA?
No necesariamente. Muchos niños tienen intereses muy fuertes. Conviene observar el conjunto de características y si estos intereses interfieren de forma significativa en otras áreas.
¿Cuándo conviene pedir una valoración?
Cuando las dificultades son persistentes y afectan de manera significativa a la comunicación, las relaciones, el aprendizaje, la autonomía o el bienestar del niño.
¿Necesita apoyo en comunicación, autonomía o habilidades sociales?
En CRECE Espacio Psicoeducativo, en Xàtiva, acompañamos a niños, niñas y adolescentes con diferentes necesidades educativas y del desarrollo.
El trabajo puede adaptarse a las características de cada persona y centrarse en aspectos como:
- Habilidades sociales.
- Comunicación funcional.
- Regulación emocional.
- Autonomía.
- Rutinas.
- Comprensión de situaciones sociales.
- Anticipación y flexibilidad.
- Funciones ejecutivas.
- Apoyos visuales.
- Sistemas aumentativos y alternativos de comunicación cuando sean necesarios.
El objetivo no es que todos los niños funcionen de la misma manera, sino ofrecer herramientas que les permitan desenvolverse con mayor autonomía, comprensión y seguridad en su día a día.
Si observas dificultades relacionadas con la comunicación, las relaciones sociales, los cambios o la autonomía, podéis contarnos vuestro caso y os orientaremos sobre qué tipo de acompañamiento puede ajustarse mejor a vuestras necesidades.