“Se distrae con cualquier cosa.”
“Tenemos que repetirle todo varias veces.”
“Empieza los deberes, pero nunca los termina.”
“Pierde continuamente el material.”
“No puede estarse quieto.”
Cuando algunas de estas situaciones aparecen con frecuencia, es habitual que las familias se pregunten: ¿puede tener TDAH?
La respuesta no puede darse observando una única conducta.
Todos los niños pueden mostrarse distraídos, impulsivos o inquietos en determinados momentos. El cansancio, la falta de sueño, una tarea demasiado difícil, la preocupación o incluso el aburrimiento pueden afectar a la atención y al comportamiento.
En el TDAH, sin embargo, las dificultades son persistentes, tienen un impacto significativo en el día a día y aparecen en más de un contexto, como casa, colegio o situaciones sociales.
Por eso, más que intentar identificar rápidamente una etiqueta, conviene empezar observando qué ocurre, con qué frecuencia, desde cuándo y hasta qué punto interfiere en su funcionamiento cotidiano.
¿Qué es el TDAH?
El trastorno por déficit de atención e hiperactividad, conocido como TDAH, es un trastorno del neurodesarrollo que comienza en la infancia y puede afectar principalmente a la atención, el control de impulsos y la regulación de la actividad.
No todos los niños con TDAH se comportan de la misma manera.
Actualmente se distinguen tres formas de presentación:
- Predominantemente inatenta.
- Predominantemente hiperactiva-impulsiva.
- Combinada.
Además, la forma en la que se manifiesta puede cambiar con el tiempo.
Esto explica por qué un niño con TDAH no tiene por qué ser especialmente inquieto o “no parar quieto”.
En algunos casos, las dificultades más visibles están relacionadas con la organización, los olvidos o la atención.
No todos los niños distraídos tienen TDAH
Esta es una de las ideas más importantes.
Un niño que se distrae al estudiar no tiene necesariamente TDAH.
La concentración puede disminuir por muchas razones:
- Dormir poco.
- Estar cansado.
- No comprender una tarea.
- Tener dificultades de aprendizaje.
- Sentirse preocupado.
- Estudiar en un entorno lleno de estímulos.
- No saber organizarse.
- Tener poca motivación por una actividad concreta.
Además, algunos problemas de sueño, ansiedad, determinadas dificultades de aprendizaje u otros factores pueden producir síntomas parecidos.
Por eso no existe una única prueba que permita diagnosticar TDAH por sí sola.
La pregunta no debería ser únicamente:
“¿Se distrae?”
Sino también:
“¿En qué situaciones ocurre, cuánto interfiere y qué más estamos observando?”
Señales relacionadas con la inatención
Algunas de las dificultades que pueden aparecer están relacionadas con mantener y gestionar la atención.
Por ejemplo:
- Cometer errores por descuido.
- Tener dificultades para mantener la atención durante una tarea.
- Parecer que no escucha.
- Empezar actividades pero no terminarlas.
- Tener dificultades para organizar tareas y materiales.
- Perder objetos con frecuencia.
- Distraerse con facilidad.
- Olvidar actividades cotidianas.
Estas dificultades no tienen que aparecer todas ni se expresan igual en todos los niños.
Además, debemos tener en cuenta la edad.
No esperamos el mismo nivel de organización de un niño de seis años que de un adolescente de quince.
“Parece que no escucha cuando le hablo”
Esta es una situación muy frecuente.
Le damos una instrucción:
“Coge la mochila, ponte los zapatos y trae la chaqueta.”
El niño va a la habitación, encuentra un juguete y unos minutos después parece haber olvidado completamente lo que tenía que hacer.
Desde fuera puede parecer que no estaba escuchando.
Sin embargo, pueden estar interviniendo procesos relacionados con la atención y la memoria de trabajo.
Cuando las instrucciones incluyen varios pasos, puede resultar especialmente difícil mantener toda esa información mientras se realiza la tarea.
En estos casos puede ayudar:
- Dar instrucciones más breves.
- Pedir que repita qué tiene que hacer.
- Utilizar apoyos visuales.
- Dividir las tareas en pasos.
Señales relacionadas con la hiperactividad
La hiperactividad no significa simplemente “tener mucha energía”.
Puede manifestarse como una dificultad para regular el movimiento de acuerdo con la situación.
Por ejemplo:
- Moverse constantemente en la silla.
- Levantarse cuando se espera que permanezca sentado.
- Correr o trepar en momentos poco adecuados.
- Hablar mucho.
- Tener dificultades para realizar actividades tranquilamente.
- Parecer estar constantemente “en marcha”.
En adolescentes, esta hiperactividad puede ser menos visible y expresarse más como una sensación interna de inquietud.
Por eso, la imagen típica del niño que corre por toda la clase no representa todas las formas posibles de TDAH.
Señales relacionadas con la impulsividad
La impulsividad tiene que ver con actuar antes de poder detenerse y pensar.
Puede aparecer como:
- Responder antes de que termine una pregunta.
- Interrumpir conversaciones.
- Tener dificultades para esperar turno.
- Coger cosas sin pedirlas.
- Actuar rápidamente sin valorar las consecuencias.
- Dificultad para frenar una respuesta.
Esto puede afectar no solo al aprendizaje, sino también a las relaciones con compañeros y adultos.
Un niño tranquilo también puede tener TDAH
Sí.
En la presentación predominantemente inatenta pueden existir importantes dificultades de atención sin una hiperactividad especialmente llamativa.
Estos niños pueden pasar más desapercibidos.
A veces se les describe como:
“Está en su mundo.”
“Es muy despistado.”
“Siempre pierde las cosas.”
“Va lentísimo.”
“Necesita que le repitamos todo.”
Pueden tener dificultades para seguir explicaciones largas, organizar materiales, terminar actividades o recordar instrucciones.
Como no alteran especialmente el funcionamiento de la clase, sus dificultades pueden resultar menos evidentes.
¿Cómo puede afectar el TDAH al aprendizaje?
Un niño con TDAH puede comprender perfectamente los contenidos y, sin embargo, encontrar dificultades para demostrar lo que sabe.
Por ejemplo:
- Deja preguntas sin responder.
- Olvida entregar tareas.
- Pierde material.
- No lee correctamente las instrucciones.
- Se queda sin tiempo.
- Comete errores por descuido.
- Empieza a estudiar demasiado tarde.
- Le cuesta mantener el esfuerzo durante tareas largas.
Por eso, el rendimiento académico no depende solamente de los conocimientos.
También depende de habilidades relacionadas con:
- Atención.
- Planificación.
- Organización.
- Memoria de trabajo.
- Control de impulsos.
- Gestión del tiempo.
- Revisión.
Muchas de ellas están relacionadas con las funciones ejecutivas .
“Pero con los videojuegos puede estar horas”
Esta frase aparece muchísimo.
Y suele llevar a pensar:
“Si puede concentrarse dos horas jugando, cuando estudia no lo hace porque no quiere.”
No necesariamente.
La atención varía según las características de la actividad.
Los videojuegos suelen ofrecer:
- Estímulos frecuentes.
- Objetivos claros.
- Recompensas inmediatas.
- Retroalimentación constante.
- Cambios rápidos.
En cambio, estudiar puede requerir mantener durante bastante tiempo un esfuerzo con una recompensa mucho más lejana.
Por eso, que un niño pueda concentrarse mucho en una actividad motivadora no permite confirmar ni descartar TDAH.
¿Cómo saber si conviene valorar un posible TDAH?
Más que fijarnos en una conducta aislada, conviene observar el patrón.
Podemos preguntarnos:
- ¿Las dificultades aparecen desde hace tiempo?
- ¿También las observa el profesorado?
- ¿Ocurren en más de un contexto?
- ¿Interfieren en el aprendizaje?
- ¿Afectan a las relaciones sociales?
- ¿Necesita mucha más supervisión de la esperable para su edad?
- ¿Las dificultades aparecen incluso en tareas que conoce?
- ¿Está generando conflictos frecuentes?
- ¿Está afectando a su autoestima o confianza?
Para valorar un posible TDAH no se observa únicamente si determinadas conductas existen, sino también su frecuencia, duración, intensidad, impacto y presencia en diferentes contextos.
El TDAH no se diagnostica con un test de internet
No existe un cuestionario online que permita confirmar por sí solo un diagnóstico.
Los cuestionarios pueden formar parte de una valoración, pero el proceso debe integrar información sobre:
- Historia del desarrollo.
- Funcionamiento en casa.
- Funcionamiento escolar.
- Relaciones sociales.
- Intensidad y duración de las dificultades.
- Otras posibles causas.
Por eso conviene desconfiar de mensajes como:
“Si cumple 6 de estas 10 señales, tiene TDAH.”
La realidad es más compleja.
¿Qué podemos hacer mientras observamos estas dificultades?
No hace falta esperar a tener un diagnóstico para introducir estrategias que pueden facilitar el día a día.
Dar instrucciones breves
En lugar de:
“Ve a tu habitación, recoge, prepara la mochila, ponte los zapatos y trae la chaqueta.”
Podemos dividir:
“Primero prepara la mochila.”
Y después dar el siguiente paso.
Utilizar apoyos visuales
Listas, horarios y recordatorios visuales pueden reducir la necesidad de repetir constantemente las instrucciones.
Dividir las tareas largas
En lugar de:
“Haz toda la ficha.”
Podemos plantear:
“Haz primero estos cuatro ejercicios y después revisamos.”
Reducir distracciones
Preparar un entorno de estudio con pocos estímulos puede ayudar a mantener el foco.
Puedes ampliar esta parte en: Mi hijo no se concentra para estudiar: ¿qué puede estar pasando? .
Enseñar rutinas
Por ejemplo:
Agenda → tarea → revisión → mochila.
Cuanto más predecible sea la secuencia, menos esfuerzo exige recordar cada paso.
Ayudar sin sustituir
El objetivo no es convertirse en la persona que recuerda absolutamente todo.
Podemos acompañar al principio e ir retirando apoyos poco a poco.
TDAH no significa falta de capacidad
Las dificultades de atención o regulación no equivalen a falta de inteligencia.
Un niño puede comprender perfectamente una materia y, sin embargo, tener problemas para organizarse, terminar una tarea o demostrar lo que sabe.
Esto es especialmente importante cuando empieza a decir:
“Soy malo estudiando.”
“Soy tonto.”
“Siempre lo hago mal.”
“No puedo.”
Cuando las dificultades académicas empiezan a afectar a cómo se percibe a sí mismo, conviene prestar especial atención.
El objetivo no debería ser únicamente mejorar una nota.
También debemos ayudarle a comprender que tener dificultades en determinados procesos no define su capacidad ni su valor personal.
¿Cuándo pedir orientación?
Puede ser recomendable buscar orientación cuando las dificultades de atención, impulsividad u organización:
- Se mantienen en el tiempo.
- Aparecen en diferentes contextos.
- Interfieren en el aprendizaje.
- Dificultan considerablemente la autonomía.
- Generan conflictos frecuentes.
- Afectan a las relaciones sociales.
- Producen mucha frustración.
- Hacen que necesite supervisión constante.
Pedir orientación no significa asumir automáticamente que existe TDAH.
Significa intentar comprender qué está ocurriendo y qué apoyos pueden ser útiles.
Si existe sospecha de TDAH, será necesaria una valoración diagnóstica realizada por profesionales cualificados.
Antes de centrarnos en la etiqueta, observemos la necesidad
Ante un niño que se distrae constantemente es comprensible preguntarse:
“¿Tiene TDAH?”
Pero puede ser útil añadir otra pregunta:
“¿Qué situaciones le están resultando difíciles y qué herramientas necesita?”
Porque independientemente de que posteriormente exista o no un diagnóstico, podemos empezar a identificar:
- Qué tareas le cuestan.
- Qué apoyos funcionan.
- Cómo organizar mejor las instrucciones.
- Qué estrategias favorecen su autonomía.
- Qué situaciones generan más frustración.
Comprender cómo funciona cada niño permite ofrecer una ayuda mucho más ajustada que limitarse a pedirle:
“Concéntrate.”
Preguntas frecuentes sobre TDAH en niños
¿Cómo puedo saber si mi hijo tiene TDAH?
No puede determinarse únicamente observando una o dos conductas. Es necesario valorar la frecuencia, duración e intensidad de las dificultades, el impacto que tienen en el día a día y si aparecen en diferentes contextos. El diagnóstico debe realizarlo un profesional cualificado.
¿Un niño con TDAH siempre es hiperactivo?
No. El TDAH puede presentarse principalmente con síntomas de inatención, de hiperactividad-impulsividad o con una combinación de ambos. Algunos niños presentan dificultades importantes de atención sin una hiperactividad especialmente visible.
¿Que mi hijo se distraiga mucho significa que tiene TDAH?
No necesariamente. El cansancio, el sueño, las dificultades de aprendizaje, el estrés u otros factores pueden afectar a la atención. Por eso se necesita una valoración global y no únicamente observar si el niño se distrae.
¿Puede tener TDAH si se concentra mucho con los videojuegos?
Sí es posible. La capacidad para mantener la atención puede variar según la motivación, la estimulación y las características de la tarea. Poder concentrarse en una actividad muy motivadora no confirma ni descarta TDAH.
¿Hay una prueba que confirme el TDAH?
No existe una prueba única que permita diagnosticar TDAH por sí sola. La valoración requiere recoger información de distintas fuentes y descartar otras situaciones que puedan explicar síntomas similares.
¿Cuándo debería pedir una valoración?
Cuando las dificultades son persistentes, aparecen en más de un contexto y están interfiriendo significativamente en el aprendizaje, la autonomía, las relaciones o el bienestar del niño.
¿Las dificultades de atención están interfiriendo en su día a día?
En CRECE Espacio Psicoeducativo, en Xàtiva, acompañamos a niños, niñas y adolescentes que presentan dificultades relacionadas con la atención, la organización, las funciones ejecutivas, el aprendizaje y la autonomía.
Nuestro trabajo no consiste en realizar diagnósticos médicos, sino en comprender qué situaciones están resultando difíciles y trabajar estrategias concretas que puedan trasladarse al día a día.
Podemos intervenir en aspectos como:
- Planificación.
- Organización.
- Mantenimiento de la atención.
- Memoria de trabajo.
- Inicio de tareas.
- Estrategias de estudio.
- Autonomía académica.
Si observas que tu hijo necesita supervisión constante, se distrae mucho, le cuesta terminar las tareas o estas dificultades están empezando a generar frustración, puedes contarnos vuestro caso y os orientaremos sobre el acompañamiento más adecuado.