“Sabe perfectamente lo que tiene que hacer, pero nunca sabe por dónde empezar.”
“Le digo tres cosas y cuando llega a su habitación ya ha olvidado dos.”
“Hace los ejercicios, pero nunca los revisa.”
“Si no estoy pendiente, no prepara la mochila ni recuerda lo que tiene para mañana.”
“Empieza una tarea, ve otra cosa y se olvida completamente de lo que estaba haciendo.”
Estas situaciones pueden parecer falta de atención, desorganización o incluso falta de interés.
Sin embargo, detrás de muchas de ellas intervienen unas habilidades que utilizamos constantemente, aunque normalmente no seamos conscientes de ello: las funciones ejecutivas.
Son fundamentales para aprender, organizarse, adaptarse a los cambios, controlar impulsos y avanzar hacia un objetivo.
Y, como ocurre con muchas otras habilidades, se desarrollan progresivamente durante la infancia y la adolescencia.
¿Qué son las funciones ejecutivas?
Podemos entender las funciones ejecutivas como un conjunto de procesos que nos ayudan a dirigir nuestra conducta hacia un objetivo.
Por ejemplo, imaginemos que un niño tiene un examen el viernes.
Para prepararlo no basta con conocer la materia.
También necesita darse cuenta de que tiene que estudiar, calcular cuánto tiempo necesita, decidir qué hará cada día, mantener la información mientras trabaja, evitar distracciones, cambiar de estrategia si algo no funciona y revisar lo que ha aprendido.
Es decir, necesita poner en marcha diferentes funciones ejecutivas.
Por eso estas habilidades tienen una relación muy estrecha con el aprendizaje y la autonomía académica.
¿Cuáles son las principales funciones ejecutivas?
Existen diferentes formas de clasificarlas, pero algunas de las más relevantes en el día a día de niños, niñas y adolescentes son las siguientes.
Memoria de trabajo
La memoria de trabajo nos permite mantener y utilizar temporalmente información mientras hacemos algo.
Por ejemplo, un niño escucha:
“Coge el cuaderno de matemáticas, termina los dos ejercicios y después guarda la mochila.”
Necesita mantener esos pasos en mente mientras los realiza.
Cuando esta habilidad resulta difícil, podemos observar que:
- Empieza una instrucción y olvida lo que tenía que hacer después.
- Necesita que le repitan las indicaciones.
- Pierde el hilo en problemas con varios pasos.
- Le cuesta hacer algunos cálculos mentalmente.
- Olvida parte de lo que acaba de leer.
- Tiene dificultades para tomar apuntes mientras escucha.
No significa necesariamente que “no estuviera escuchando”.
A veces la información simplemente supera lo que puede mantener y manejar en ese momento.
Control inhibitorio
El control inhibitorio nos ayuda a frenar una respuesta automática o una distracción para mantenernos en aquello que estamos haciendo.
Por ejemplo, continuar con los deberes aunque aparezca una notificación, esperar nuestro turno para hablar o revisar una respuesta antes de contestar rápidamente.
En niños puede verse cuando les cuesta:
- Esperar.
- Detener una conducta.
- Resistirse a una distracción.
- Pensar antes de responder.
- Mantener una tarea cuando aparece algo más atractivo.
Este proceso no tiene que ver únicamente con “portarse bien”.
También influye directamente en el aprendizaje.
Flexibilidad cognitiva
La flexibilidad permite cambiar de estrategia, adaptarnos a una situación nueva o considerar otra manera de hacer las cosas.
Imaginemos que un niño intenta resolver un problema matemático de una forma y no funciona. Necesita ser capaz de detenerse y probar otra estrategia.
También utilizamos esta habilidad cuando:
- Cambia una norma.
- Modifican el horario.
- Aparece un ejercicio diferente al que había practicado.
- Otra persona propone una solución distinta.
- Algo no sale como esperaba.
Cuando existe mucha rigidez, un pequeño cambio puede generar una gran frustración.
Planificación
Planificar significa pensar qué tenemos que hacer, en qué orden y qué necesitamos para conseguirlo.
Un ejemplo muy claro es preparar un examen.
No basta con saber:
“Tengo examen el jueves.”
Hay que transformar eso en:
“Hoy estudiaré dos apartados, mañana los siguientes y el miércoles repasaré.”
Muchos niños y adolescentes conocen perfectamente la fecha de un examen y, aun así, terminan estudiando la noche anterior.
No siempre es porque no les importe.
En algunos casos el problema está precisamente en convertir un objetivo futuro en pequeños pasos concretos.
Inicio de tareas
Saber hacer algo no significa necesariamente saber empezarlo.
Esta es una situación que muchas familias conocen:
“Lleva veinte minutos sentado delante del libro y todavía no ha empezado.”
Puede buscar un lápiz, ordenar el escritorio, ir a beber agua, mirar qué deberes tiene y volver a abrir la mochila.
El problema no siempre está en realizar la tarea.
Puede estar en ponerla en marcha.
En estos casos ayuda especialmente definir un primer paso pequeño y muy claro.
Organización
La organización permite manejar materiales, información y tareas.
En el entorno escolar puede verse en cosas tan cotidianas como:
- Saber qué libros necesita.
- Guardar cada material en su lugar.
- Recordar qué tiene que entregar.
- Utilizar la agenda.
- Organizar apuntes.
- Preparar la mochila.
Un niño puede tener capacidad suficiente para realizar sus actividades y, sin embargo, perder continuamente hojas, olvidar trabajos o no encontrar el material que necesita.
Supervisión y revisión
También necesitamos comprobar cómo estamos haciendo una tarea.
Por ejemplo:
“¿He contestado todas las preguntas?”
“¿Esta respuesta tiene sentido?”
“¿He escrito mi nombre?”
“¿He metido todos los libros en la mochila?”
Hay niños que terminan una actividad y la entregan inmediatamente, aunque haya preguntas en blanco o errores que ellos mismos podrían detectar.
En estos casos es necesario enseñar explícitamente el hábito de revisar.
¿Cómo pueden verse las dificultades de funciones ejecutivas en casa?
No suelen aparecer como:
“Mi hijo tiene dificultades de memoria de trabajo.”
Lo que las familias ven son situaciones cotidianas.
“Tengo que repetírselo todo.”
“Nunca sabe dónde ha dejado las cosas.”
“Si no estoy encima no hace nada.”
“Tiene el examen desde hace una semana y empieza a estudiar el día anterior.”
“Se enfada muchísimo cuando cambiamos los planes.”
“Le cuesta una eternidad empezar los deberes.”
“Hace la mitad de las cosas y se olvida del resto.”
Por eso es importante mirar qué habilidad puede haber detrás de la conducta.
Decir “es muy desorganizado” describe lo que vemos.
Identificar que le cuesta anticipar, planificar y organizar los pasos nos indica mejor qué podemos enseñarle.
¿Cómo afectan las funciones ejecutivas al colegio?
Las funciones ejecutivas están presentes prácticamente durante toda la jornada escolar.
El alumno necesita escuchar instrucciones, recordar materiales, cambiar de una asignatura a otra, empezar actividades, controlar distracciones, calcular el tiempo disponible y revisar su trabajo.
Por eso las dificultades pueden manifestarse como:
- Tareas sin terminar.
- Exámenes con preguntas en blanco.
- Olvidos de material.
- Trabajos entregados tarde.
- Dificultad para seguir instrucciones de varios pasos.
- Mala gestión del tiempo.
- Necesidad constante de recordatorios.
- Desorganización de cuadernos o apuntes.
Esto explica también por qué un niño puede tener buenos conocimientos y obtener resultados inferiores a lo esperado.
No siempre falla lo que sabe.
A veces falla la forma en la que consigue organizar y utilizar esos conocimientos.
Si esta situación te resulta familiar, también puedes leer nuestro artículo: Mi hijo no se concentra para estudiar: ¿qué puede estar pasando? .
¿Las dificultades de funciones ejecutivas significan TDAH?
No necesariamente.
Las dificultades ejecutivas pueden estar presentes en personas con TDAH, pero tener problemas de organización, memoria de trabajo o planificación no permite por sí solo concluir que exista TDAH.
Además, el funcionamiento ejecutivo puede verse influido por muchos factores: la edad, el cansancio, el sueño, las dificultades de aprendizaje, el estrés, el contexto o las características de la tarea.
Por eso conviene evitar transformar cualquier despiste o desorganización en una etiqueta diagnóstica.
Cuando las dificultades son intensas, persistentes y aparecen en diferentes contextos, puede ser recomendable realizar una valoración adecuada.
¿Por qué afectan tanto al aprendizaje?
Porque estudiar no consiste solamente en memorizar contenidos.
Imaginemos dos estudiantes que conocen prácticamente lo mismo.
Uno:
- Anota el examen.
- Divide el contenido.
- Estudia varios días.
- Detecta qué parte no entiende.
- Hace un pequeño repaso.
- Revisa el examen antes de entregarlo.
El otro:
- Olvida la fecha.
- Empieza tarde.
- No sabe por dónde comenzar.
- Estudia todo de golpe.
- Pierde mucho tiempo.
- No revisa.
Aunque ambos puedan tener capacidades académicas similares, su rendimiento puede ser muy diferente.
Por eso trabajar las funciones ejecutivas no consiste simplemente en enseñar “trucos para estudiar”.
Implica ayudar al niño o adolescente a desarrollar herramientas para gestionar su propio aprendizaje.
También puedes consultar: Cómo saber si mi hijo tiene dificultades de aprendizaje .
¿Cómo podemos trabajar las funciones ejecutivas en casa?
La idea no es hacer todo por ellos.
Tampoco retirar de golpe cualquier ayuda.
Lo que buscamos es proporcionar apoyos temporales que después podamos reducir progresivamente.
Hacer visibles los pasos
En lugar de:
“Prepara todo para mañana.”
Podemos concretar:
“Mira el horario → prepara los libros → revisa la agenda → mete el estuche.”
Al principio puede necesitar una lista.
Más adelante quizá solo necesite una pregunta:
“¿Has revisado todo?”
Y finalmente podrá hacerlo sin ayuda.
Dividir las tareas grandes
“Estudiar ciencias” puede resultar demasiado abstracto.
Podemos transformarlo en:
Leer apartado 1 → señalar ideas importantes → explicarlo con sus palabras → hacer tres preguntas.
Cuanto más claro sea el primer paso, más fácil será empezar.
Utilizar apoyos externos
Agenda, calendario, lista de comprobación, temporizador, recordatorios visuales o planificadores pueden resultar muy útiles.
No sustituyen el aprendizaje de la autonomía.
Pueden funcionar como herramientas de apoyo mientras se aprende una estrategia.
Enseñar a planificar hacia atrás
Si el examen es el viernes, podemos empezar desde ahí:
Viernes → examen.
Jueves → repaso.
Miércoles → tema 3.
Martes → tema 2.
Lunes → tema 1.
De esta forma, un objetivo lejano se convierte en acciones mucho más concretas.
Crear una rutina de revisión
Podemos enseñar una secuencia muy sencilla:
Hacer → revisar → entregar.
O para preparar la mochila:
Horario → material → agenda → revisar.
Cuanto más automática se vuelve una rutina, menos esfuerzo necesita para ejecutarla.
Puedes encontrar más estrategias en: Técnicas de estudio para mejorar la organización .
Ayudar no significa estar permanentemente encima
Este punto es especialmente importante.
Cuando un niño tiene dificultades para organizarse, es muy fácil que una persona adulta termine convirtiéndose en su “función ejecutiva externa”.
La madre o el padre recuerda el examen, dice qué tiene que estudiar, controla cuánto lleva hecho, prepara el material, revisa la mochila y recuerda la entrega.
A corto plazo funciona.
Todo queda hecho.
Pero si esta ayuda se mantiene siempre igual, puede resultar difícil que el niño aprenda a asumir esos pasos.
El objetivo sería cambiar progresivamente de:
“Yo te organizo.”
a:
“Lo organizamos juntos.”
y después:
“Organízalo y lo revisamos.”
hasta llegar a:
“Tú puedes hacerlo.”
La autonomía se construye retirando los apoyos poco a poco, no esperando que aparezca espontáneamente de un día para otro.
“Es que sabe hacerlo, pero no lo hace”
Esta frase resume muy bien muchas dificultades ejecutivas.
Existe una diferencia importante entre tener una habilidad y conseguir utilizarla en el momento adecuado.
Un adolescente puede saber perfectamente cómo hacer un esquema.
Pero necesita darse cuenta de que esa estrategia le ayudaría, decidir utilizarla, iniciarla y mantenerla.
Un niño puede saber qué cosas necesita llevar al colegio.
Pero debe recordar mirar el horario antes de preparar la mochila.
Por eso, cuando existe una dificultad de funciones ejecutivas, repetir únicamente:
“Pero si tú sabes hacerlo.”
puede aumentar la frustración.
A veces el problema no está en saber.
Está en organizar el comportamiento para utilizar aquello que sabemos.
¿Cuándo conviene pedir orientación?
Puede ser útil buscar orientación cuando estas dificultades:
- Aparecen de manera frecuente.
- Se mantienen en el tiempo.
- Interfieren claramente en el aprendizaje.
- Provocan olvidos y problemas de organización constantes.
- Hacen que necesite mucha más supervisión de la esperable.
- Generan conflictos diarios durante los deberes.
- Dificultan considerablemente su autonomía.
- Empiezan a afectar a la confianza que tiene en sus propias capacidades.
El objetivo no tiene que ser poner una etiqueta.
Puede ser simplemente identificar qué habilidades están resultando difíciles y qué estrategias pueden ayudar.
En CRECE trabajamos estos procesos desde un enfoque psicoeducativo, adaptando los objetivos y las estrategias a las necesidades de cada niño o adolescente.
Puedes conocer nuestro servicio de aprendizaje y técnicas de estudio .
No es solo organización: es aprender a gestionar lo que hacemos
Las funciones ejecutivas están presentes cuando un niño prepara su mochila, empieza los deberes, recuerda una instrucción, espera su turno, cambia de estrategia o revisa un examen.
Por eso tienen un papel tan importante en el aprendizaje y en la autonomía.
Cuando existen dificultades, decir:
“Organízate.”
“Presta atención.”
“Piensa antes de hacerlo.”
puede no ser suficiente.
Necesitamos convertir esas indicaciones generales en estrategias concretas que el niño pueda aprender y practicar.
La pregunta deja entonces de ser:
“¿Por qué tengo que recordárselo todo?”
y pasa a ser:
“¿Qué herramientas necesita para poder hacerlo cada vez con menos ayuda?”
Ahí es donde empieza realmente el desarrollo de la autonomía.
Preguntas frecuentes sobre funciones ejecutivas en niños
¿Qué son las funciones ejecutivas en niños?
Son un conjunto de procesos que ayudan a regular el comportamiento y dirigirlo hacia un objetivo. Intervienen en habilidades como la memoria de trabajo, el control de impulsos, la planificación, la organización, la flexibilidad y la revisión de lo que hacemos.
¿Cómo sé si mi hijo tiene dificultades en las funciones ejecutivas?
Algunas señales pueden ser olvidar instrucciones con frecuencia, tener dificultades para empezar las tareas, necesitar supervisión constante, perder materiales, organizarse mal, gestionar el tiempo con dificultad o no revisar el trabajo. Estas conductas deben interpretarse teniendo en cuenta la edad y el contexto.
¿Las funciones ejecutivas tienen relación con la atención?
Sí. La capacidad para mantener un objetivo, controlar las distracciones y volver a una tarea está relacionada con diferentes procesos ejecutivos. Sin embargo, las funciones ejecutivas incluyen muchas otras habilidades además de la atención.
¿Tener dificultades de funciones ejecutivas significa tener TDAH?
No. Aunque las dificultades ejecutivas pueden aparecer en personas con TDAH, observar problemas de organización, atención o memoria de trabajo no permite diagnosticar TDAH. Estas dificultades pueden aparecer por diferentes motivos.
¿Se pueden trabajar las funciones ejecutivas?
Sí. Pueden favorecerse mediante estrategias adaptadas a la edad y a las dificultades concretas, como dividir tareas, utilizar apoyos visuales, enseñar planificación, establecer rutinas o favorecer progresivamente una mayor autonomía.
¿Cuándo conviene buscar ayuda?
Puede ser recomendable solicitar orientación cuando las dificultades son persistentes, interfieren significativamente en el aprendizaje o la autonomía, generan conflictos frecuentes o hacen que el niño necesite una supervisión adulta constante para realizar actividades que debería poder asumir progresivamente.
¿Necesita demasiada ayuda para organizarse, empezar o terminar las tareas?
En CRECE Espacio Psicoeducativo, en Xàtiva, acompañamos a niños, niñas y adolescentes en el desarrollo de habilidades relacionadas con la atención, la planificación, la memoria de trabajo, la organización, las funciones ejecutivas y la autonomía académica.
No se trata únicamente de terminar los deberes.
Buscamos comprender qué parte del proceso está resultando difícil y enseñar estrategias que puedan utilizar después en casa, en el colegio y en otras situaciones cotidianas.
Si observas que tu hijo sabe hacer las tareas pero necesita que estés continuamente recordándole qué tiene que hacer, tiene muchas dificultades para organizarse o estudiar se está convirtiendo en una fuente de frustración, puedes contarnos vuestro caso y os orientaremos sobre el acompañamiento que puede resultar más adecuado.
Conocer nuestro acompañamiento en aprendizaje y técnicas de estudio